Del Evangelio de Juan 20:19-31
Señor Jesús,
Así como entraste al lugar donde estaban tus discípulos.
Llenos de miedo y les regalaste tu paz.
Hoy te pedimos que entres también en nuestros hogares y en nuestros corazones.
Trae paz a las madres que están cansadas,
fortaleza a las que luchan cada día por sus hijos,
esperanza a las que viven momentos difíciles,
y alegría a aquellas que entregan su amor en silencio.
Gracias, Señor, por cada madre:
por sus abrazos, por sus consejos,
por sus lágrimas escondidas,
por sus oraciones silenciosas,
y por ese amor que muchas veces se parece a tu amor fiel y paciente.
Hoy queremos bendecir especialmente a las madres que:
trabajan sin descanso,
cuidan con ternura,
enseñan con paciencia,
y nunca dejan de amar aun en medio de las dificultades.
También ponemos en tus manos a las madres que están enfermas,
tristes o preocupadas.
Abrázalas con tu paz y recuérdales que nunca están solas.
Y así como dijiste a Tomás: “No tengas miedo, cree”,
ayúdanos también a confiar en Ti aun cuando no entendamos todo lo que vivimos.
Jesús resucitado,
quédate en nuestras familias,
llena nuestras casas de amor, respeto y unidad,
y permite que cada madre sienta hoy el cariño, el valor y la gratitud de sus hijos.
En tu nombre oramos.
Amén.
Preguntas de reflexión
Basadas en el Evangelio según Juan
Cuando tengo miedo, tristeza o dudas, ¿permito que Jesús entre en mi corazón y me regale su paz?
¿Estoy valorando y agradeciendo el amor, esfuerzo y cuidado que las madres brindan cada día a sus familias?
Así como Jesús tuvo paciencia con Tomás, ¿estoy aprendiendo a tratar con amor, comprensión y paciencia a las personas que me rodean?