miércoles, 24 de junio de 2026

Oración

                                                                                                                                                                                               ORACIÓN INSPIRADA EN MATEO 10:40-42, ROMANOS 6:12-23                                             

Padre celestial, te damos gracias porque en Jesucristo nos has recibido como tus hijos amados.

Gracias porque nos llamas a recibir a los demás con amor, generosidad y compasión, reconociendo que al servir a nuestros hermanos también te servimos a Ti.

Señor, así como tu Palabra nos enseña, no permitas que el pecado gobierne nuestra vida. Danos fuerza para apartarnos de todo aquello que nos aleja de tu voluntad y ayúdanos a ofrecer nuestro cuerpo, mente y corazón como instrumentos de justicia para tu gloria.

Haznos siervos fieles, obedientes a tu Palabra y agradecidos por la gracia que hemos recibido.

Que cada acción, por pequeña que parezca, sea una muestra de tu amor. Enséñanos a compartir con alegría, a tender la mano al necesitado y a vivir en santidad cada día.

Gracias porque la paga del pecado es muerte, pero tu regalo es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Que esta esperanza nos anime a caminar contigo, confiando en tu misericordia y en tu poder transformador.

Bendice a nuestras familias, a nuestra iglesia y a nuestra comunidad. Que podamos ser testigos de tu amor y reflejar la nueva vida que nos has dado en Cristo.

En el nombre de Jesús oramos. Amén.

Preguntas de reflexión

  1. ¿De qué maneras podemos recibir a Cristo al servir a los demás?
  2. ¿Qué pequeños actos de bondad podemos practicar esta semana en nuestra comunidad?
  3. ¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos y nietos el valor de la hospitalidad y la generosidad?

Mensaje central: Cuando recibimos y servimos a los demás con amor, también estamos recibiendo y sirviendo a Jesús.

viernes, 12 de junio de 2026

JESUS EL BUEN PASTOR


Oración
Mateo 9:35-10:23
Amado Señor Jesús,
 Gracias porque recorres nuestros pueblos, 
nuestras casas y nuestros caminos, llevando amor, esperanza y vida.
 Gracias porque miras a cada persona con compasión,
 como un buen pastor que cuida de sus ovejas. Abre nuestros ojos para ver las necesidades de quienes nos rodean.
 Danos un corazón dispuesto para ayudar, escuchar, consolar y compartir tu amor con alegría. 
Señor, así como enviaste a tus discípulos a anunciar el Reino de Dios,
 envíanos también a nosotros para ser portadores de paz, bondad y esperanza en nuestra familia, escuela, trabajo y comunidad.
 Cuando encontremos dificultades o momentos de rechazo, 
ayúdanos a no tener miedo.
 Recuérdanos que nunca estamos solos, porque tu Espíritu Santo nos acompaña, 
nos fortalece y nos guía con sabiduría.
 Haz que nuestras palabras y acciones reflejen tu amor.
 Que podamos servir sin buscar recompensa, compartir lo que hemos recibido y llevar tu luz a quienes viven en la tristeza o la incertidumbre. 
Jesús bueno y misericordioso, cuida de tu Iglesia, fortalece a tus servidores y levanta nuevos obreros para tu misión.
 Que cada día podamos seguirte con fe, valentía y alegría. En tu santo nombre oramos. 
Amén.


Actividad para la semana

 "Una Semilla de Amor"

Durante esta semana, realiza una acción concreta de amor y servicio cada día. Por ejemplo:

  • Lunes: Ora por una persona que esté pasando por dificultades.
  • Martes: Ayuda en una tarea de tu casa sin que te lo pidan.
  • Miércoles: Llama o visita a una persona que se sienta sola.
  • Jueves: Comparte una palabra de ánimo o un versículo bíblico.
  • Viernes: Ayuda a un compañero, vecino o familiar en alguna necesidad.
  • Sábado: Da gracias a Dios por las bendiciones recibidas durante la semana.
  • Domingo: Comparte con tu familia lo que aprendiste al servir a otros.

Desafío final: Escribe en una hoja o cuaderno cuál fue la acción que más te alegró realizar y cómo viste el amor de Dios actuando a través de ella.

Versículo para recordar:
"Gratis lo recibieron; denlo gratuitamente." (Mateo 10:8

sábado, 6 de junio de 2026

APRENDER A ORAR. MARTIN LUTERO

 Una manera sencilla de aprender a orar

 R. C. Sproul cuenta la siguiente historia verdadera: “En un pequeño pueblo de Alemania, un barbero se fue a su barbería temprano en la mañana. Se llamaba Peter Beskindorf, mejor conocido como “el maestro Peter”. Aquella mañana se encontraba ocupado, afeitando a uno de sus clientes habituales cuando un hombre alto entró a la barbería. Peter reconoció al hombre inmediatamente como un fugitivo buscado por las autoridades. Y en efecto, había una recompensa por su cabeza, pero Peter no dijo nada al respecto. Cuando el maestro Peter terminó con el cliente, aquel hombre gigantesco se sentó en el sillón y le pidió que lo afeitara y le cortara el cabello. Peter complació la petición del visitante y comenzó a afilar la navaja con el suavizador y a preparar la espuma para la barba. Empezó a afeitar, presionando el borde afilado de la navaja sobre el cuello del hombre. Peter sabía que solo de ejercer una leve presión podía degollar al hombre y cobrar la recompensa. Sin embargo, Peter no tenía intenciones de llevar a cabo una acción tan espeluznante. El conocía al hombre. Aquella no era la primera vez que visitaba la barbería o se sentaba en el sillón, Peter no solo conocía al hombre, sino que lo tenía en gran estima. Más que cliente, el hombre era amigo de Peter, su mentor y su héroe. El hombre que se sentó en el sillón de Peter Beskindorf en la aldea de Wittenberg, Alemania, era Martín Lutero. Aquel día, mientras afeitaba a Martín Lutero, el maestro Peter le dijo al gran reformador: “Dr. Lutero, ¿estaría usted dispuesto a enseñarme a orar?” Lutero le respondió que le encantaría ayudarlo. De hecho, aquel doctor en teología, siempre tan ocupado, líder de la Reforma protestante, se retiró a sus habitaciones y escribió un folleto especialmente para Peter titulado A Simple Way to Fray [Una manera sencilla de orar]”. R. C. Sproul cuenta esta historia en el Capitulo 2 de su libro “Cinco cosas que un Cristiano necesita para Crecer”, pero no transcribe el folleto, yo no sé si usted alguna vez a leído este pequeña obra de Lutero, si no lo ha hecho, aquí se lo comparto la versión corta y espero que lo disfrute y recuerde lo aprendido en la “Oración Perfecta”

 UNA MANERA SENCILLA DE ORAR (Por Martín Lutero) 

Querido maestro Pedro: Te confío lo que pienso sobre este particular y la forma en que yo mismo practico la oración. Dios nuestro Señor os conceda a vos y a todos los demás hacerlo mejor, amén. Antes de nada, cuando caigo en la cuenta de que, por ocupaciones o pensamientos ajenos, me voy enfriando y desganando hacia la oración —la carne y el demonio tratan siempre de impedirla y obstaculizarla—, cojo mi librito del salterio, me recojo en mi cámara o, si el tiempo me lo permite, en la iglesia con los demás, y comienzo a recitar oralmente los diez mandamientos, el credo y, depende del tiempo de que disponga, algunas palabras de Cristo, de Pablo o de los salmos, exactamente igual que lo hacen los pequeños. Por eso, está muy bien que la oración sea nuestro primer quehacer por la mañana, temprano, y el último del anochecer; es la mejor forma de guardarse uno con diligencia de los falsos y engañosos pensamientos que están sugiriendo: «Espera un poquito más; rezaré pasada una hora, en cuanto haya acabado esto o aquello que tengo que hacer». Pensando así se llega a abandonar la oración por los negocios que nos rodean y nos entretienen de tal forma, que nos impedirán hacer la oración a lo largo de todo el día. Ahora bien, puede suceder que haya algunas obras tan buenas como la oración, incluso mejores que ella, en especial cuando están impuestas por la necesidad. A este particular corre un dicho que se atribuye a san Jerónimo: «Toda obra de los creyentes es oración», y un proverbio que dice: «El que trabaja fielmente ora dos veces». En su sentido más hondo, esto quiere decir que un fiel, mientras trabaja, está temiendo y honrando a Dios, pensando en sus preceptos para no perjudicar a nadie, ni robarle, ni engañarle ni defraudarle. Tales pensamientos, tal fe, indudablemente constituyen también una oración y alabanza. Por el contrario, también será cierto que la obra de los incrédulos constituye una maldición y que quien no trabaja lealmente está incurriendo en doble maldición. Porque en lo profundo de su corazón, mientras trabaja está despreciando a Dios, está pensando en quebrantar sus mandamientos y en perjudicar, robar y defraudar al prójimo. Porque, ¿qué otra cosa son estos pensamientos que una sencilla maldición contra Dios y los hombres? En virtud de ellos se está convirtiendo su obra y su trabajo en una maldición doble, con la que uno se maldice a sí mismo; que, en definitiva, es lo que hacen los chapuceros. De esta oración constante habla Dios de hecho (Lc 11):«Hay que orar sin interrupción para protegernos contra el pecado y la injusticia». Algo inasequible si no se teme a Dios y si no se tienen delante sus mandamientos, como dice el Salmo 1: «Dichoso el que día y noche medita la ley del Señor». Hay que andar con cuidado, no obstante, para no desacostumbrarnos a la verdadera oración y para no juzgar nosotros mismos como definitivamente buenas nuestras propias acciones, cuando en realidad no lo son. Llegaríamos por este camino al abandono, el emperezamiento, la frialdad y el disgusto hacia la oración; y no olvidemos que el demonio no se empereza ni se abandona cuando de nosotros se trata, ni que, por otra parte, nuestra carne anda muy viva y dispuesta al pecado y es tan desafecta al espíritu de oración. Una vez que tu corazón se haya enfervorizado con estas palabras dichas verbalmente y se haya concentrado, arrodíllate o ponte en pie, con la manos juntas y la mirada hacia el cielo, y di o medita de la forma más breve posible: «Padre celestial, Dios mío querido; soy un indigno, pobre pecador, que no merezco elevar mis ojos o mis manos hacia ti ni dirigirte mi oración. Pero tú nos has ordenado a todos que oremos, has prometido escucharnos y nos han enseñado, además, las palabras y la forma de hacerlo por tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Ateniéndome a este precepto, aquí me tienes para obedecerte, acogido a tu graciosa promesa. En el nombre de mi Señor Jesucristo te elevo mi oración en unión de todos los santos cristianos de la tierra, como él me lo ha enseñado: «Padre nuestro, que estás en los cielos, etc.». Y así hasta el final palabra por palabra. 

martes, 2 de junio de 2026

ORACION

  Oración inspirada en

Mateo 9:9-13, 18-26

Señor, ayúdame a caminar contigo cada día.

A escuchar tu voz y a confiar en tu bondad.

Enséñame a recibir a todos con amor, sin juzgar.

Recordando que tú viniste a buscar y salvar a quienes te necesitan.

Señor, así como sanaste a la mujer que tocó tu manto con fe,

Aumenta también mi fe cuando tengo miedo.

Tristeza o preocupación.

Que nunca dude de tu poder y de tu cuidado.

Y así como diste vida a la niña que parecía perdida,

Trae esperanza a los corazones cansados.

Consuela a quienes sufren y fortalece a quienes se sienten débiles.

Jesús amado, toma mi mano, guía mis pasos y llena mi vida de tu paz.

Que cada día pueda seguirte con alegría, servir a los demás con amor.

Y confiar siempre en que para ti nada es imposible. Amén.

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

  1. Jesús llamó a Mateo para seguirlo. ¿Qué cosas me está invitando Jesús a cambiar o dejar para seguirlo con más confianza y amor?
  2. La mujer enferma creyó que Jesús podía ayudarla y fue sanada por su fe. Cuando enfrento problemas o dificultades, ¿confío en Jesús y le presento mis necesidades en oración?
  3. Jesús llevó esperanza y vida donde parecía que ya no había solución. ¿Cómo puedo llevar palabras de ánimo, esperanza y amor a las personas que están tristes, enfermas o desanimadas?

Desafío para la semana:
Piensa en una persona que necesite ánimo y realiza un gesto de amor hacia ella: una oración, una visita, una llamada o una palabra de esperanza.

Oración

                                                                                                                                            ...